Sí era el Paraíso Cap. IV - 3

Sí era el Paraíso 

Capítulo IV: El largo y tortuoso camino a casa 

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Ingreso: 20/07/25


UNA VEZ ENCENDIDA, LA LUZ SOLA ENCONTRARÁ SU CAMINO


"Nada que no sea producto de un gran amor será bendecido y concebido como alternativa de salvación. Una trocha en el camino, una salida a un entrampamiento que solo aquel de buen corazón advierta como ruta factible. Aun cuando desconocida por la ausencia de señalizaciones en el mapa de la cotidianeidad, y por ende intimidante, no olvidemos que el camino de reconversión en tiempos de distorsión y reescribimiento de las cláusulas de la fe -así sea solo verbal y/o de obediencia tal acto de sujeción-, acorde con los tiempos de compatibilización entre esta fe y sus actos contra natura, lo primero que incita como reacción intuitiva es a ponerse a buen recaudo. Salvarse. Lo demás actuará por la inercia del caminante".


"No hay ruta mala ni buena persé, y salvo situaciones muy particulares, ni el propio Dios puede intervenir en lo ya por él escrito. Más, de cuando en cuando, cuando la esperanza parece haberse extinguido en el espíritu humano, ese gran amor por su propia creación ofrece salidas que no todos serán capaces de advertir, ni todos aquellos que lo hagan serán conscientes de esa bondad, pues el camino de la liberación plagado está de cuestas, roquedales y matorrales que remontar, y aquel que no esté preparado para ese largo y tortuoso camino a forjar, ahora que la amenaza yace mimetizada entre los arrabales del propio culto, optará por aquello que le garantice esa mansedad disfrazada de tranquilidad y estabilidad".


"Qué es empero la cuesta en el camino sino una oportunidad de expiación que no tuvimos de motus propio; o la roca en el camino, sino la base sólida en que tallar un nuevo pacto; y aquel matorral, el futuro fertilizador de la simiente de los nuevos tiempos de fecundación que conlleva retomar el camino, su brisa y aromas perdidos por la omisión y la prisa".


"Lo escrito escrito está, si hay un acápite a redactar será única potestad de quiénes a partir de la empatía y en nombre de ese amor inconmensurable legado por Cristo, quisieron recalcar que lo que nació en el amor y en la entrega, no podía ser alegremente distorsionado por el odio, la violencia y la exclusión, y un nuevo día optaron por diferenciarse de aquello que dejaban atrás, y aun las viejas señalizaciones y los viejos tótems erigidos a fuerza de la costumbre, serían vistos como parte de ese engranaje del cual se apartaban". 


"Mas adelante, si acaso las condiciones de la travesía permitiesen advertir una luz entre las sombras que pareciera señalar por fin haber alcanzado esa estabilidad ausente, se darían cuenta que en realidad, no era un nuevo camino el que tomaban, sino que apenas retomaban el perdido".


¿ESCISIÓN?


"No, enfáticamente no. Ya hay demasiadas cosas que nos separan para añadirle más motivos de decepción a un culto fundado esencialmente en base a mancomunidad y aquiescencia. Además, cada vez, no es la escritura la que falla sino la interpretación, y al ser la interpretación sesgada un acto fácilmente reconocible, necesita dar la sensación de ser mayoritaria y por eso los acólitos de la trasgresión transan y copan espacios imitando el ámbito que les da tutela, el político, en la creencia de que así paliarán la fragilidad de su influencia. Pero olvidan algo esencial, la fe tiene un vínculo simbiótico con la conciencia, algo que aterra a quienes canjearon este acto de continua liberación por el de la conveniencia, el estancamiento y la manipulación, y Dios que no es ciego, menos tuerto, lo sabe y por eso espera una revolución de las conciencias que ponga a salvo la fe. Ningún acto de conminación explícito o no, puede con ello".


"Ese día, si se lograra dar el gran paso de poner a buen recaudo la fe en aras de un amor incondicional, ese día el ser humano habrá escrito también un acápite inconmensurable en su relación con Dios, capaz de derruir desde sus cimientos toda amenaza, incluída alguna fatalidad en ciernes predicha por algún visionario".


"Más, en medio de la gran locuacidad y violencia verbal del enemigo poseso, y la cautela e introspección de aquel que todavía advierte un rescoldo de conciencia albergarse en su seno, para seguir siendo genuinos y leales con la prédica, hay un par de ejercicios personales y muy simples que pueden ayudarnos a que esta lumbre se fortalezca: el sinceramiento de la oración y su solemnidad a la hora de culminarla".


"¡Si esa es tu voluntad, señor!, debe ser una frase recurrente en toda oración, que si bien implique confianza, debe a su vez expresar docilidad y acatamiento, tan genuinos que detengan por unos inusuales segundos, esa mirada suya sobre aquel que lo reconoce inconmensurable y justo, y que acepta que lo que él decida estará bien. Nada hay más persuasivo que plantear las cosas desde una mirada que se reconoce a sí misma nada ante una presencia suprema”. 


“Mientras ese reconocimiento de roles en el interacto haya logrado dibujar un trazo de aquiescencias y aromas floridos en el ambiente -porque no lo duden, en esas circunstancias él estará al otro lado como escucha: la relaciôn comenzará a ser distinta a partir de entonces y la posibilidad de generar una propia presencia, una revelación íntima que abra un espacio propicio de comunicación en tanto la sensibilidad y atención hayan encendido sus sensores, será factible".


"Demás está decir, no hacer promesas sobre aquello que él preferiría sean actos espontáneos, cotidianos de vida y no producto de una transacción. ¿Una transacción? El ser humano no está en capacidad de establecer ese tipo de relación con un ser inconmensurable, ni su posible gracia está a la altura de ser entendida por nuestra precaria capacidad de entendimiento. Pensar así implicaría que, cumplida la promesa, uno está listo para una nueva 'transacción', y eso es no entender las motivaciones de un ser cuyas decisiones escapan a nuestra escasa capacidad de entendimiento".


LA VERDAD HACE LIBRE, EL ENTENDIMIENTO LA GUARNECE


"Todo ser vivo tiene una función para la que fue puesto sobre la Tierra, entre las cuales, algunas sencillas de realizar apelan apenas a ese buen corazón o a esa intuición que en principio mora en todo espíritu humano como reacción primigenia, antes de claudicar -si ese fuera el caso-, a otros intereses que acechan y conspiran. Otros, cíclicos y de mayor sofisticación y trascendencia que invocan al sentido común y al grado de atención que merezcan ciertos hechos inusuales que avizoran tiempos de cambio, lo usual sugeriría esperar su desenlace como si de un espectáculo astral se tratase, pero no, es cuando un mayor involucramiento implica, pues si está en juego el acaecimiento de algún hecho trascendental que implique el bienestar o la propia supervivencia de la especie humana, ser un mero espectador a la espera de un desenlace no es una opción valedera".


"Sin embargo, habiéndose generado una exposición natural de las emociones, es cuando esa sensibilidad en todo aquel ser consciente, debe asumir su papel intentando aguzar al máximo su intensidad, fortaleciéndola con comprensión, entendimiento y compromiso, y marcando cierta distancia con lo trivial y lo usual, por lo menos como una medida perentoria, pues si el acto de reconversión de los tiempos merece una acción de entrega indescriptible, allanar el camino con reflexión y consideración, atizando esa efervescencia de amor en el aire, hará desde su inicio el tránsito de esa entrega, menos sufriente, y la posibilidad de quiebre existencial, menos traumática".


FELICIDAD, AFLICCIÓN. 


"Codiciada es la llave que abre el cofre que contiene a estos dos ejes de la sensibilidad. Lo que debió crecer como las flores silvestres al alcance de un alargar de brazos que perennice su influjo en algún rincón panorámico de la casa: segado y embalado fue a parar en una mazmorra de lúgubres paredes, y la llave, puesta en custodia de aquel sinónimo del yermo que es el estancamiento, el cual desemboca inevitablemente, primero en la descomposición, y luego en una sequedad de actitudes, la entronización de la confusión, e inequívocamente, en la erradicación de la cordura -y es obvio, el reinado de la superstición. Lo cual zanja en definitiva cualquier alusión ligera a un Dios inmisericorde que permite las injusticias y el sufrimiento entre sus hijos". 


"El dilema es a quién le entrega el humano la custodia de esa llave; bajo qué atribuciones y criterios. Pero lo que es más importante: ¿quién decide esa entrega, siendo que la cronología de la doctrina -la no oculta-, nos habla de una gran fragilidad en el custodio de la fe de las más altas jerarquías, que la mayor de ellas siempre tuvo como principal debilidad el poder efímero y el privilegio de ciertas élites, para quienes, todopoderosas como solo ellas, Dios no era ni será una guía, tan solo un pretexto para su dominio, tanto que aquel pontificado que intentara poner en orden tales cronicidades y prerrogativas, sería declarado un enemigo contra el cual conspirar y buscar si erradicación, una vez más, usando a Dios como coartada. Ofendiéndolo".


"Siendo Dios un ser eminentemente sapiente e ilustrativo, cuesta creer que se haya esmerado tanto en el diseño de una inteligencia con espacio abundante para su evolución, pero que cierta interpretación sesgada de su mensaje inherente, aluda a un rosario de misterios, precisamente para no prosperar"...


Por: Rodrigo Rodrigo

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