Sí era el Paraíso
Capítulo IV: Jornada a la obscuridad
Página 8
Ingreso: 13/03/26
EL AMOR DIVINO
"Tanto amó Dios a sus hijos que encarnado, dio la vida por nosotros" , dicen las escrituras y son repetidas miles de veces en las liturgias y oraciones a lo largo de nuestras vidas, y si la palabra por sí sola tuviera ese efecto de armonía y concordia que buscaba desesperadamente Jesús se anide en el espíritu humano, no solo habríamos colmado la expectativa del padre, sino que gracias al predominio de ese bien, esa bondad que solo busca la convivencia armónica de toda su creación, tendríamos a la maldad a buen recaudo y por ende, con la mirada nuestra totalmente centrada en el bienestar general y el desarrollo de su pueblo entero.
Porque recordemos, tenemos retos por cumplir como humanidad. No somos ovejas o robots puestos en la Tierra para pulular y desaparecer, somos trascendentes por naturaleza y por injerencia divina, y la mente y la conciencia no se nos dio en vano, se nos dio para crecer en equilibrio y estar preparados en cuerpo tanto como en alma, para el reto que significa existir. Un ínfimo momento en la vastedad del tiempo, el nuestro, que no debería ni siquiera considerar una pérdida de tiempo tan valioso en tener que controlar el mal.
La pregunta es: ¿sucede esto en la vida real? O mas explícitamente: ¿sucede en la actualidad? ¿Que pasa hoy en el mundo con esa incursión masiva de seres que buscan desesperadamente encaramarse en el poder, y una vez logrado su propósito, no solo coercen las libertades de las gentes mientras diseminan una cultura del odio y segregación, y la dispersan por todo el planeta rompiendo esa primera barricada humana levantada para el reinado de esa armonía y ese equilibrio enunciados: la ley; sino que, más inconcebible aún, haciendo explícita una supuesta injerencia de Dios en la consecución de esos actos totalmente ajenos a su doctrina. Entonces es válido plantearnos una primera interrogante introspectiva: ¿Qué significa Dios para nosotros? ¿Es Dios quién rige nuestros actos, o somos nosotros los que intentamos regir los suyos?
Y hablo en plural porque no podemos sentirnos ajenos a ese fenómeno que definitivamente no es transversal a nuestras vidas en lo individual, necesitamos ser conscientes de nuestra presencia, activa o permisiva en la consolidación de esa presencia y esa vigencia que a todos concierne. Esas personas, que hay que ser enfáticos y señalar, no creen ni practican la fe tal y cual han sido enunciados en esa única piedra fundamental de la doctrina divina, reducidas a dos simples palabras, armonía y sensibilidad: están en ese ámbito de poder, porque parte de nosotros lo puso allí. Pero en un acto de contrición y reencuentro con la palabra y el sentimiento divino, si quisiéramos realmente reivindicarnos, los sacaríamos de ese lugar en un santiamén. Pero otra vez, no pensamos en ese bienestar general que propugna Dios, en esa concordia como base de su amor inconmensurable. Lo hacemos desde las bases del egoísmo, o por lo menos desde esa no menos dañina indiferencia permisiva, lo cual configura desobediencia en el mejor de los casos.
Si bien el poder, el predominio, la prevalencia de unos sobre otros a cualquier costo -que siempre estará al acecho sobre este tipo de disloques en el estado de alerta de los individuos que conforman los grupos humanos-, es lo que impera, y aun cuando en la cotidianidad podría decirse que en general el ser humano no transgrede ciertos parámetros de ese hacer el bien que propugna la cristiandad, el solo hecho de pensar desde la individualidad y, sea desde la indiferencia o desde el propio activismo creciente, llamémosle desinformado, de permitir la vigencia y predominio de estas mentes deshumanizadas y deshumanizantes, es señal de un total alejamiento de los más básicos preceptos divinos encarnados en el decálogo de Moisés.
Un decálogo que muy sabiamente fuera englobado en ese amor inconmensurable de Dios para con su creación, y que luego desde la perspectiva del hermano mayor, fuese enfatizado por Cristo como un acto consuetudinario e indiscriminante a ser incorporado en nuestro actos cotidianos, pero que para decepción suya, contradecimos su mensaje cuando insistimos en dar soporte a este tipo de sublevantes de la voluntad divina, a sabiendas de que al haber un solo ente capaz de alzarse por sobre tales principios con posibilidades de éxito, que es a través de la posesión del alma, lo mas probable es que estemos avalando a seres perdidos para la mirada de Dios, y por ende abdicando de esas otras dos barricadas de la contrición humana: la voluntad y la conciencia.
Una suerte de desenlace profético que hay que ser enfáticos en señalar, no sucede porque el poder de Dios sea frágil o plausible de derrotas, simplemente por esa tristeza suya de perdernos y el consecuente alejamiento de aquel que nos creara con tanta ilusión. Y he aquí la insistencia del porqué haber sido dotados de razón y su vínculo con esa autonomía para optar por lo que más quisiéramos, incluido aquel tomar del fruto que se nos enfatizara no hacerlo.
EL DEMONIO
Si hablamos de posesiones, definitivamente tenemos que hablar del demonio, pero no de ese mito creado para asustar y someter, y que el paso del tiempo ha convertido en una caricatura que coadyuva a que nadie lo tome en serio. Mucho menos hablamos de esa posesión que nos ha vendido la ficción y el cine en la que el sujeto escogido es por lo general un alma débil e inocente, o incluso de una fe definida y activa. La fe es infranqueable. Es la duda y la pérdida o distorsión de la fe la que abre las puertas del alma al ser maligno.
Y pues no, ni tiene cachos ni tiene rabo, mucho menos el demonio escoge almas inocentes para poseer -aunque eso sí, débiles, que no es lo mismo. Y qué puede ser mas débil que aquel o aquella que se niega a entender la palabra amor, tal como lo significara Cristo, que en nuestros tiempos podríamos conceptualizar como tolerancia y empatía para con los demás. En contraste, el alma inocente está protegida por ese dilucidar y esa voluntad individual todavía no en custodia propia.
LA VOLUNTAD
La voluntad y la capacidad de discernimiento, como vemos está presente en cada momento de nuestras vidas. Hay una frase que puede ayudar a definir un tema que nunca es sencillo de entender para detectar la presencia de un ente reclutante de almas y diferenciarlo de un simple mal genio: "ser llevado por el mal", se dice de aquellas personas que ya con la conciencia agrietada y la voluntad haciendo caso omiso a su función preventiva, ve como el hilo de su bondad se va perdiendo gota a gota, mientras el ente maligno, que ya sintió el olor a vacío, acecha cada vez con mayor incidencia, velando por ese espécimen in vitro suyo que el propio humano se ha encargado de forzar a una metamorfosis indificulta, y crece ante la indiferencia de una conciencia y una voluntad sometidas.
Cuando vemos que la voluntad divina se va haciendo cada vez mas difícil de ser aceptada, pese a las señales evidentes de deterioro del comportamiento humano, que bastaría para concebir como factible un replanteo de nuestra fe y un reinicio, y aun así nos resistimos, no es solo la fe la que naufraga, lo hace también nuestra capacidad de resistencia al acecho del mal. Y de nuevo, no es cuestión de militancias, el mal reclutante no quiere ejércitos bravíos, prefiere almas mansas y obedientes que les den soporte, porque el egoísmo, la codicia, la búsqueda de poder, aun con sus propias reglas, nunca plantean la perspectiva de ese vivir en armonía del amor cristiano que promueve un trato igualitario entre los suyos, para lo cual el cumplimiento horizontal de las normas es vital, pero desaparece en ese mar de los Sargazos profundo y vertical de las huestes del odio y el divisionismo que promueve el dominio del mal.
¿ENTONCES TODO ESTÁ PERDIDO?
De ninguna manera. Dios nada da por perdido, mucho menos es plausible de esa ira que falsamente se le atribuye. Si a él no le enoja lo que hagan sus criaturas en aras de su independencia de acción pues era esperable que sucediera -aun cuando la decepción, la tristeza, no pueden ser ajenas a un ser supremo, incluso en su aquilatamiento de esa su principal esencia, la bondad-, menos puede dar por perdida una sola de sus criaturas tan queridas. Por el contrario, él espera que esa voluntad dotada se rebele en algún momento y haga todo lo que sea capaz de hacer cuando está lúcida. Habernos dotado de capacidad de dilucidación es el principal acto de amor y confianza que un padre puede otorgar a un hijo para ese uso pleno de su razón.
Lo dicho dicho está, si Dios no obliga a nadie a proceder -salvando las distancias-, como él desde su infinita sabiduría hubiese planteado sea el camino que sigan sus hijos, tampoco puede ser causal de enojo suyo algo que estaba previsto en la bitácora de viaje de cada quien. ¿Tristeza? Claro que sí, porque el amor si tiene compatibilidad con la tristeza además de la alegría, mas nunca con el enojo o el castigo.
Y por supuesto que él espera siempre la recapacitación del ser humano, que tiene todas las herramientas para lograrlo, siempre y cuando haya todavía restos de voluntad en el alma contrita. Porque hay que ser enfáticos en recalcar que la infiltración del mal, si bien para regocijo suyo es progresivo y asintomático, es altamente corrosivo en tanto se adapta a la contextura humana ya para entonces, complaciente, dadivosa y totalmente abstraída de la realidad reinante.
Pero no nos engañemos, así como el abrazo de la fe no es declarativo y contrasta con esa introspección que mas se asemeja a un susurro al oído en tiempos de silencio: tampoco lo es el acto de arrepentimiento. Es más, siendo el demonio un artista del camuflaje y el engaño, lo más probable es que, un alma altamente contaminada en pleno acto declarativo de arrepentimiento, realmente esté tramando una de sus acciones más elaboradas de esa manipulación de la cual es un verdadero maestro.
Desde la perspectiva de una alma cautiva pensar en la ceguera o sordera divina ya no es una disyuntiva a ser planteada, y por lo tanto aceptar como posibilidad la consolidación de ese acto de contrición declarativo, sin un mínimo de razonamiento. Con esto no se quiera entender que la capacidad de reconversión tenga fronteras que signifiquen un quiebre total con lo dejado atrás, desde la perspectiva de la voluntad todo es posible de ser revertido. Pero de nuevo, no es que el mal tenga prisionera al alma cautiva, sujeta a torturas inconcebibles a la espera de ser liberada por una legión de ángeles. No, por eso su prioridad es atacar la voluntad. Pero una voluntad débil o debilitada jamás se quedaría donde la trataran mal, y es ahí precisamente donde incide el demonio, congraciándose con una voluntad totalmente franqueada que ha perdido toda capacidad dubitativa, incluso de ser exigente pues todo le es complacido obtener sin una pizca de remordimiento.
Es cuando entendemos porqué se hace imprescindible el uso frecuente del acto de conciencia. Un alto en la ruta, una fresca brisa golpeando suavemente nuestras frentes. Reflexión y miramiento en toda su contextura mentora que nos recuerde, el verdadero sentido del camino, esta vez con serias posibilidades de que tal acto consciente y voluntad obsecuente, dispuestas a poner su granito de arena para un giro mayor, el del rumbo de la humanidad, hayan hallado y devanado verdaderamente, ese hilo de sinceridad que atraiga la mirada enternecida del padre.
Por: Rodrigo Rodrigo
Todos los derechos reservados
No hay comentarios.:
Publicar un comentario