Capítulo IV: "Jornada a la obscuridad"
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Ingreso: 16/09/25
De señales infinitas está atestado el camino humano; de verdaderos milagros que en cada paso que este da, y aun cuando no debiera por la autonomía racional dotada a cada cual para asumir sus culpas y sus aciertos, Dios transige a su propia norma y otorga concesiones especiales, gracias individuales acaso imperceptibles, invisibles para el ojo subyugado por ese vínculo especial logrado.
De la manera más sutil, creando claros en la niebla, algún murmullo suspendido en la densidad de la obscuridad que obligue al transeúnte vertiginoso a un alto en el camino, a la reconsideración y retomo de la senda en tiempos en que el oscurantismo impone su grotesca silueta sobre una ruta ya bastante difusa e intenta insertar una nueva de retrocesión y decadencia, asentida por la fragilidad de la creencia y su reticencia a ese discernimiento que la verdad y la razón plantean -legado fundamental del conservadurismo-, el resultado: una ductilidad para escuchar al sermoneador equivocado, aun a costa de ver rezagada a su propia conciencia como su principal y especial confidente a oír.
Pero es una prueba más del gran amor de Dios por su creación más sentida, que aun cuando se tratase apenas de un resquicio de humanidad todavía fiel a su legado, dispersa y desconcertada a falta de una señal que antes que bloques de resistencia, unificara primero sus espíritus en un peculiar ejército de sensibilidades: haya sido suficiente para convencerlo de enviar un mensaje enfundado en un llamativo e impactante envoltorio de lazos, colores y aromas con que sellar definitivamente, toda especulación a su severidad y afición por el castigo, como punto de partida. Un verdadero acto explícito de poder supremo, divino, y de querencia.
Un mensaje, si bien a partir del cual, dejar demarcados dos únicos caminos a seguir ante la presencia súbita de esa colina atestada de nubarrones y silencios abrumadores, una de cuyas opciones nítidamente señalaba un desvío destinado a sortear la pendiente antes que remontarla; era asimismo una oportunidad para devolver la mirada de su pueblo hacia esa consideración por el otro y lo otro, perdidos; y mas que sobre un culto, el cual tenía ya sus propios testimonios sobre los cuales simplemente hacer sus propios ajustes y reformas: apuntaba a esa masa laica -creyente o no-, cuyo sentido de humanidad y hermandad estaba tan definida, pero que las señales del mal obrando desde las propias entrañas de la multiplicidad de iglesias creadas -cual si de múltiples dioses se trataran sus cultos-, los había autoexiliado de una fe, al extremo de considerarla, apócrifa y excluyente.
Es entonces que en respuesta anticipada a ese mensaje que su solo conocimiento ya comenzaba a generar cambios en el comportamiento de la gente, infundiendo sentimientos de esperanza, solidaridad y respeto entre unos y otros: una serie de logias basadas en esas afinidades se fueron generando en todas partes del mundo, el mensaje: "juntos en un solo pacto" basado en la reivindicación del amor por sobre el odio, el abuso de poder y la discriminación, que dieran una señal de inconformidad con el ser violento y disociador incrustado en el alma de esa gran parte del pueblo de Dios, que en definitiva no lo conocía.
Un mensaje, una respuesta instantánea con la que él pretendía marcar abiertamente una línea divisoria a partir de la cual, las rutas que tomasen los individuos, fueran única responsabilidad suya. Pero no solo eso, estaba también esa otra emergencia tan entrelazada a ese poder usurpador que, sabiéndose en falta grave y desde una percepción mundana de Dios, no tenía el menor escrúpulo en destruir todo a su paso con tal de ver colmado un ego trastornado por una condición megalómana, definitivamente anticristiana.
Es así que en una muestra de su visión más amplia y unificadora que sólo discriminara lo irreconciliable con su doctrina, eligió un padre y eligió una madre de entre los rescoldos más desolados de su pueblo y los axiomas más inexplicables del amor cuando es invulnerable y afecto a las múltiples figuras que adopta en el ser humano para hacer saber, que el verdadero, nunca se extingue, sino que como las estaciones que rigen la supervivencia de las especies en el planeta, adopta diferentes formas de subsistencia que aferran la vida.
Un renacido por propia decisión en los albores del siglo -para sí mismo y sin pompas exteriores que lo reconocieran como tal, que es lo que hiciera detener su mirada sobre aquel. Dotado de un talento brotado de pronto, sin que hubiera en el historial suyo, algún antecedente que lo respaldara, a partir de entonces, su palabra transmutada en una narrativa de un claro laicismo, obró en medio de una persecución contra la idea que la sustentaba, poniéndolo a buen recaudo, desde y hasta un entonces que apenas comenzaba.
Por otro lado, una famosa actriz, bella y talentosa e igualmente autodidacta, cuyos lauros logrados, bastaba ver su obra para determinar su éxito alcanzado, en lo material, aunque en medio de una soledad que graficaba esa ausencia lo suficientemente notoria que ni el glamour, la fastuosidad o las amistades ocasionales podían llenar.
Fiel a ese dicho trillado -de tanto hacerse mención-, sin embargo, de tener cada ser humano un alma gemela en algún rincón del mundo, reconocido el suyo, nunca cesó en enviar señales hasta lograr encontrar esa conexión que, tal como en el caso de aquel que volvió a nacer -asimismo a la esperanza-, llenó los ojos de Dios en ese último esfuerzo por salvar a la humanidad poniendo el énfasis de su mirada en el amor, algo que no sabría precisamente a néctar de flores entre los cultores del odio, claro está. Ellos tan adictos a la disociación y a la enemistad, a la inquina, intentarían por todos los medios, de frustrar la materialización de esta unión y esta consolidación como muestra gráfica, de que si bien el meollo de todo estaba en el amor y sus diversas manifestaciones, pero también y sobre todo, en sus mutaciones esperpénticas irreconciliables
Y es así que se pondría a prueba -una de tantas en las que se incurriría-, de que fibra estaba hecho ese lazo, que ya no era solo de dos, de tres, ni de cuatro (padre, madre, hijo y espíritu): era de todo aquel que verdaderamente creyera en la reconversión del mundo hacia senderos de más tolerancia y empatía, y menos violencia, si acaso estaba pensando en su supervivencia.
¿POR QUÉ ADELANTAR DIOS EL ENVÍO DE UN MENSAJERO O MENSAJERA?
Desde luego que no sería porque todo andaba bien en el mundo y el o la enviada solo venía darse un baño de popularidad con su pueblo. Definitivamente no, con todo lo que ello conlleva en estos tiempos de la apariencia y el falso profeso; de la imágen hablando por una conciencia huraña, huidiza, que ha preferido el repliegue ante un ego que ya decidió tomar el control. Era esa suerte de culto alterno en plena y consciente propagación, de intereses distintos al mensaje de Cristo de quienes utilizan el credo, mas no lo profesan, y llevan al mundo al colapso total, el origen de esta encrucijada. Y un intento de devolver el culto de Dios a su génesis, introspectivo antes que manifiesto, como punto de partida.
Para ello había que tener muy presente las dos vertientes actualmente abiertas en el mundo rumbo a su autodestrucción. La humanidad se ha peleado con Dios, al menos aquel de las escrituras, del Antiguo y Nuevo Testamento, el ente supremo por excelencia; aquel único capaz de ayudarnos en un acto de merecimiento raro. Y para no ser incoherentes con ese divorcio de la fe introspectiva, la falsedad que otrora temerosa buscaba ser redimida en los oratorios de los templos, multirresistente al control de la conciencia, se hacina hoy y se robustece en los laberintos profanos del poder efímero, haciendo y siguiendo pautas de quienes si recitaran el decálogo confesional cristiano, los diez mandamientos, a partir de un simple ejercicio de comprensión lectora, no terminarían de completar el primero de ellos. Mucho menos el octavo. Y si acaso alguno de los líderes políticos ultraconservadores actuales llegase hasta ese párrafo en su obturada declamación -a ojo cerrado-, preguntémonos, qué creen que pasaría: pues simplemente lo entonaría magistralmente y nos convencería, pues ellos ya han llegado a domar el escrúpulo y cabalgan soberbios sobre el lomo del cinismo.
Y ellos, que no solo la falsedad tienen instalada en su modo de vida íntima y pública, sino también el gen de la intolerancia, la segregación y la violencia, inexplicablemente son quienes, desterrada la conciencia -y por ende a Dios, su dador esperanzado-, van ganando terreno en el ámbito político, y para simplificar las cosas, ellos serán los encargados de asestar el golpe final cuando en el momento más álgido del problema, se abstengan de enfrentar a esa otra vertiente de destrucción en curso: la grave amenaza del calentamiento global, cuya fecha de desborde está muy próxima.
Y he aquí la señal, he aquí la gracia concedida a la humanidad. Él cambió el sentido del mensaje. Él abrió una puerta de salida a la hecatombe consolidada, una bifurcación al itinerario del fin. Y quién vendría en su nombre en señal de conformidad con el curso de los acontecimientos, avanzada ya la metástasis destructiva del mundo, y apenas buscando redención entre los rezagos de resistencia de la fe -y la conciencia-, apenas pensando en el remanso de paz: adelantó su llegada buscando un giro de los acontecimientos en un esfuerzo por que esa conciencia precaria, aún en control de gran parte de su pueblo, no sucumba, pues de ellos dependía la estabilidad moral y material del mundo.
Por: Rodrigo Rodrigo
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