Sí era el Paraíso
Capítulo IV: "Jornada a la obscuridad"
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Ingreso: 17/11/25
PERÚ Y EE.UU EN EL OJO DE LA TORMENTA
Y como aquel tejido maligno que sin resistencia alguna carcome irremediablemente cada centímetro adyacente suyo llenándolo de su amorfismo y negror, la política que un día fuera encargada de allanar un camino de convivencia y orden con el que el humano honraría un legado de vida -hito importante en la creación-, sin tener que recurrir a la ayuda divina cada vez que incumpliera o distorsionara sus deberes y derechos de usufructuario de ese hogar llamado Tierra: en un camino sin retorno, siguió extendiendo sus hebras malditas más y más allá de sus fronteras. ¿Hacía falta preguntarnos por qué?
Perú y su alianza abierta y desenfadada con la putrefacción moral y el delito, siempre con un factor común iniciado en la última década del siglo último como una advertencia profética clara hacia el nuevo milenio, que si acaso hubiera una forma de someter a una prueba de rayos ultravioleta global para detectar su grado de descomposición e infestación en el mundo, éste sería ese punto de inicio de la espiral de una mancha obscura que extiende sus tentáculos a salpicones por diversas partes del planeta. Un punto ideal desde donde asestar el factor biótico anti necrosis llegado en forma de resplandor que, en principio, obligara a parpadear a las células todavía resistentes en el sistema inmunológico.
Por otro lado, EE.UU., un país donde la sociedad todavía podía jactarse de tener instituciones sólidas y confiables que le hicieran contrapeso a cualquier amago de autoritarismo de algún narcisista inescrupuloso que los tiempo de la involución humana trajera -y toda la descomposición que ello conlleva en la política interna y externa de un país tan influyente en la escena mundial-, es revelador de los tiempos de deterioro de la fe que vivimos, que una persona así, tan nefasta para la convivencia humana como su actual presidente, haya sido puesto una vez más al mando de su destino, es obvio, esta vez más desatado y prepotente que nunca ante tamaña deferencia otorgada. Un déspota, cuya actitud beligerante de poco apego a las formalidades y normativas de un concierto global que intenta regir a una civilización cada vez más abstraída y ausente, que debió abrir los ojos y algún resquicio de conciencia en el propio seno partidista en su designación como candidato, hoy es una “serial” amenaza para la estabilidad mundial, en todos los aspectos de sus extremismos mas fanáticos.
Es cuando advertimos esa relación entre un fascismo sin sentimientos, irradiador de odio y segregación, que a pasos agigantados disemina su pócima amarga como una octava plaga en el mundo; y una fe tan presente masivamente en ambos países que, con la política como su principal gestor, hace inevitable que se convierta en su centro de manipulación, pero también en la causa de una gran decepción y mortificación divina. Si ese solo hecho de manipulación de algo tan íntimo como la fe era ya anticristiano, lo era más ese intento de tergiversación de la palabra para ser calzada al grado de deterioro moral que esta corriente tiene engarzado como una espina en el alma. Y siempre partiendo de ese hecho fáctico de una conciencia dotada como punto neurálgico de una condición humana, que para mayor decepción suya, estaba siendo confinada por el mal como una ola gigante en la Tierra vista desde el espacio exterior, era válido preguntarse, porqué no hacer lo mismo con quienes tienen hoy sumidos al exterminio de todo rasgo de humanidad en su pueblo, siendo Dios ese ser supremo que antes ya fue capaz de hacer llegar plagas para demostrar su poder ante el opresor.
Y tal y cual fuera la respuesta de porqué el creador no interviene ni en las más dantescas crueldades y sufrimientos de un genocidio, es porque hacer lo contrario implicaría extirparle también la mente y la conciencia al ser humano, y aún así, la encrucijada quedaría planteada: a quién de las ovejas dejaría Dios a cargo de tantos rediles y masas de nuevas especies domésticas.
Es entonces que se entiende porqué acude Dios a reincidir en esa dicotomía llamada humanidad que el amor acusa contrapeso -o al menos intenta hacerlo, aunque a duras penas-, aun cuando entre el activismo y la indiferencia, el lado opuesto de la balanza parece haber hallado conformidad en el disfraz discursivo del odio que siempre tiene el sinónimo adecuado, oportuno para morigerar la dureza de su significado. Señal que todo lo escrito se mantendría como tal, excepto por aquel resplandor que aunque pocos lo notaran , y quien sabe, muchos menos lo siguieran, primero con la mirada, luego con esos corazones que le robaran una sonrisa a la verdad.
YO SOY LA VERDAD Y LA VIDA, EL QUE A MÍ VENGA, VIVIRÁ
Tan irreconciliable era el alejamiento del ser humano de ese amor que inspiró Cristo, que buscó y buscó, y al encontrar las voces que más se ajustaban a su concepto condicionado sobre éste, y viendo la masiva concurrencia de pareceres, la adoptó sin dudar, aun cuando consciente era de estar emprendiendo una verdad paralela; aun cuando sabía que detrás suyo, una triste mirada lo veía partir, sin optar por volver la mirada, avergonzado.
Y es que tampoco en la ruptura, en el alejamiento, interviene Dios para abrir los ojos del enceguecido. Del mismo modo que él jamás tomará acción si acaso decidimos infringir las normas básicas plasmadas en piedra que rigen su culto, así él nos da la autonomía para creer o no, si acaso un día un hijo suyo decide abrazar otras tendencias de fe que mas se ajusten a los devaneos de una condición humana inestable y voluble a ciertas desavenencias y prejuicios cuando se le permite mayor peso que esa racionalidad tan liviana que sin exigir la perfección, pide apenas un rasgo de sensibilidad para honrar ese gran amor que él quisiera replicado en la especie discerniente de su creación: la comprensión y el entendimiento del otro, esa variante del amor de pareja que tiene como punto de encuentro y estancia en la armonía.
Pero por supuesto, haber invertido su doctrina basada en esa verdad y ese amor legado por su hijo Jesucristo, por algún otro sentimiento bizarro, Frankenstein, también aquel camino optado en pleno uso de sus facultades mentales y sentimentales, conducirá a otro destino paralelo. Pero que nadie tema cuando el hijo habla de ese vínculo entre la verdad y la vida, no es que aquel que no venga a él o de él se vaya, morirá. Él habla del día final, cuando la conciencia humana haya por fin terminado su función, y los seres buenos que en él hayan vivido, seguirán en él.
VIVE
Atizar el fogón,
alimentar el candil,
mantener el fuego
vivo,
que la esperanza
necesita respiro,
recuperar su ritmo
el latido,
y la vida sacar
fuerzas de
flaqueza
para continuar.
Es la etapa del
camino que al llegar,
apenas si dejará
tiempo el tiempo
para el abrazo;
la sonrisa y
el brillo
incontenible en
los ojos para el
suspiro;
pues la desesperanza
ha sacado ventaja, y
cavado hondo
su trocha hacia la
nada.
¿Pero qué es
mejor,
un minuto
hermanado
en el abrazo
que la centuria
convierta en eterna,
o ver los siglos
consumirse
en efímera exultación,
mientras naufraga
aquel único y
acogedor salvavidas
lanzado
por mano diligente
y piadosa?
No hay lugar para
la duda,
cuando de
resistir los
embates de la
tormenta se trata,
de las alas
siniestras de la
inquina
que el desamor,
agita.
Si una sola gota
de ponzoña es
suficiente para
infestar
el recipiente de
agua cristalina,,
Baste una sola gota
de amor
en medio de la
desesperanza,
la ausencia o aun
el desafecto,
para mantener
viva la hoguera,
de un amor
invulnerable.
Los cultores del odio
dirán,
muerto el amor,
¡Adiós encarnación!
Los alfareros de dioses
antropomorfos
dirán,
frustrada la llegada,
la vacante está
dada.
Insensatos, cómo
intentar entender las
complejidades
del amor,
quienes nunca
lo ejercieron;
O cómo, las de un ente
supremo,
quienes ofenden su
inteligencia vasta
cuando la presumen
plausible de
equivoco;
o que una mente
en proceso
de involución,
sea capaz de
decidir mejor.
No los oigas,
ellos no conocen
a Dios,
menos conocen
el amor.
Olvidan la parte divina
de la historia,
que el amor una vez
fecundado en
amor genuino,
capaz es de
remontar
el mas inhóspito
de los caminos;
No el que nos
imponga,
el enemigo del
amor,
sino aquel que es
consciente,
por sí mismo,
que la penitencia
es intrínseca
de la salvación
humana.
Y como olvidar la parte
terrena de la
historia,
si ha de venir
una enviada del
supremo,
un acto que rompe
cualquier esquema
de entendimiento
humano,
¿no es acaso porque su creación
corre peligro, y
ha iniciado una
escalada hacia su
autodestrucción?
Y quienes orquestan
el siniestro, recuérdenlo,
¿no toman acaso
su nombre
de manera blasfema
para lograrlo?
¿MUERE EL AMOR?
Si alguien "vivió" esta
experiencia,
no era amor
el que vivía.
El amor cuando es hallado.
es inmortal.
Podrá adoptar mil
formas para pervivir
en esa perpetuidad,
en los escenarios
mas inhóspitos,
y nunca
fenecer.
Horas fundidos
dos cuerpos,
dejando que solo
sus latidos
hablen;
tiempo suficiente
para que el amor que
presiente,
en tanto la amalgama
aprende a
ensamblar sus
compases
en un solo de
alientos;
ocurra el milagro;
Y convertidas en
trombas de
aire jadeantes por
el silencio existente,
unan sus voces
a ese son
convergente
que el aire teje.
Y sean uno,
a donde el maestro
del bastoncillo ondeante
disponga sus
piezas,
en tanto materializa
lo impalpable.
Y para cuando
las dos mentes
alcanzado hayan
a entonar
la melodía juntos,
e incluído en una
sola partitura
las letras aquellas
que danzan las cúspides
de sus planos
cartesianos;
como fugaces estrellas;
condenadas
a unir sus vértices
inclinados en el
infinito, sean;
El amor todo lo podrá
menos morir.
En tanto ese campo
transigente de fuerza a
cuatro brazos,
a la que enternecida el alma
fuese instigada a
unírseles,
con su traje de
hilos transparentes
dejando expuestas
las fibras más
deslumbrantes
y resistentes,
que revela
al entendimiento,
los haya unido
para siempre.
Aquel que sienta el amor
todavía fluir en sus
venas,
aun cuando pareciera
perder el aliento
ante esa punzada en el
corazón que es
la inquina, la desunión,
el desánimo,
y la indiferencia
alimenta;
a no olvidar
que como el latido
potente, necesita
ser ejercitado
constantemente;
Es la mejor forma
de no ser dejado solo,
desprotegido,
ante el anacronismo desertor y
sus sermoneos hipotéticos,
imaginarios,
pregoneros,
aciagos,
fatídicos,
frágiles,
evasivos.
AMOR, CAMINO Y LUZ
El amor es a Dios,
como la fuente
desde donde departe
sus aguas a todas
direcciones el manantial,
es al estío,
a la sed,
a la sequedad prematura
del alma.
Recuerden la esperanza
es la flama que la
sensibilidad agita cuando
danza el alma,
al son de la luz que
titila suspendida,
adaptando sus haces luminosos
al tejido de la vida,
Es el tamiz que separa
los granos de fe,
del moyuelo y el
fuego que habrá
de hornear el pan
de la liberación.
La luz llega para ser resplandor
junto a la hoguera que abriga
la mano confiable;
para ser faro y respiro
en la dura caminata de
la reconversión,
que abra las puertas
de par en par
a una toma final de conciencia.
Es el susurro al oído
que con calidez
nos despierte de esa
inanición que
robustece el
avance del mal,
pues si despertar es ese paso
ineludible a dar,
hacerlo a tiempo
será ese claro en
las tinieblas que atraiga la
mirada de aquel que
pudiendo oficiar,
necesita una prueba de fe,
y la maledicencia
que ya sacó notable ventaja,
y afila las garras para
un siguiente y
sacrílego nivel;
no puede esperar
33 años para ser
contenida.
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